martes, 26 de febrero de 2013

EL MILITAR DOMINICANO SON PROSTITUTAS CON UNIFORMES




Nadie es peor enemigo de un periodista, que otro periodista... Ni de un político, que otro político... Pero la enemistad, envidia y pugnacidad entre los militares, eso no tiene punto de comparación.
Quien más disfrutaba ese bochinche permanente entre los guardias era el presidente Balaguer. A quien no le gustaba el chisme, pero lo entretenía muchísimo.
Debido a que jamás confió en “lealtad de guardias”, Balaguer fomentó la división entre dos grupos irreconciliables dentro de las Fuerzas Armadas. Lo encabezaban los generales Neit Nivar Seijas y Enrique Pérez y Pérez, que fueron siempre enemigos íntimos y se disputaban a muerte la cercanía del viejo caudillo.
Con Pérez marchaban Milo Jiménez, Lluberes Montás, Rivera, Cruz Brea...
Con Nivar, Beauchamps, Lachapelle, Checo...
A ambos grupos los mantuvo Balaguer en la equidistancia, le daba a cada uno la cuota de poder que su malicia le recomendaba y se ocupaba personalmente de que sus diferencias los mantuviera cada vez más alejados uno del otro.
Los llevaba y los traía a su conveniencia, los ponía en desgracia cuando se creían con mucho poder y volvía a utilizarlos en posiciones relevantes cuando todos los consideraban cadáveres políticos.
Era un sube y baja constante, el eterno quitipón que dependía siempre del temperamento del líder y de la “capacidad chismográfica” de su entorno.
Los decires iban y venían de un grupo a otro. Se espiaban mutuamente y estaban al acecho y desconfiaban hasta de su sombra, a pesar de que todos los militares --desde el guardia del arsenal hasta el jefe de la Primera Brigada--, estaban tendenciados con uno u otro grupo. Ahí nadie era independiente...
Ni siquiera Balaguer
Balaguer heredó al general Pérez de los yanquis al frente de la guardia. Cuando llegó al poder en 1966, reingresó a Nivar como coronel del Ejército. De inmediato se desató una pugna que jamás terminó entre los dos, a pesar de la diferencia de rango. Entonces Balaguer ascendió a Nivar a general y equilibró el poder militar mientras los mantenía distanciados en el plano personal.
Hasta la noche que su helicóptero se accidentó en la campaña de 1974 y se le dio por muerto, Balaguer confirió preminencia militar a Pérez frente a Nivar Seijas, a pesar de que fue Nivar Seijas quien se la jugó por él mientras estuvo exiliado en Nueva York, lo botaron de la guardia por su activismo balaguerista y participó como líder del “grupo de San Cristóbal” en la conspiración contra el Triunvirato.
Porque Balaguer consideró siempre a Nivar un político más que militar; a Pérez, más militar que político... Pero en ambos casos estaba equivocado porque los dos eran lo mismo: militares políticos.
Los incidentes de la noche en que cayó el helicóptero y a Balaguer se le dio por muerto, marcó la diferencia sobre las lealtades que se atribuían a las dos figuras más poderosas de las Fuerzas Armadas durante esos años difíciles.
La última comunicación del piloto del helicóptero con la torre de control de San Isidro se produjo a las 7:10 de la noche... Fue el clásico “may day... may day...” de la caída inminente.
Una hora después, dado Balaguer por desaparecido, contingentes militares adeptos al general Pérez tomaron el Palacio Nacional, bloquearon las entradas de acceso e impidieron el paso a funcionarios civiles y militares.
Al cabo de tres horas Balaguer apareció en la televisión, despeinado, con la corbata en la espalda y desaliñado, contando lo del accidente y atribuyendo su salvación a la Virgen de La Altagracia.
La comidilla militar
La comidilla del día después en el cuartel y en los mentideros políticos giraba sobre las reales intenciones del bloqueo a las puertas del Palacio. La explicación que le dio el general Pérez a Balaguer fue que sus hombres actuaron por instrucciones suyas para evitar que “los enemigos se aprovecharan de la confusión...”
Al rato le tocó a Nivar verse cara a cara con Balaguer...
óQue tarrr...Nivarrr. ¿Qué se cuenta...?, le preguntó Balaguer arrastrando la R más que nunca.
“Lo que me cuento es que el moreno lo mató anoche antes de tiempo, Presidente...”
óParece que es verdad lo que usted dice, Nivarrr... Los militares son prostitutas con chaquetas...
“Prostitutas con chaquetas no, Presidente... ¡Los guardias somos cueros con uniformes!

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