viernes, 28 de junio de 2013

ULISES HEUREAUX SEGÚN LUIS F. MEJÍA



La hegemonía de ulises Heureaux había durado veinte años. en
1879 se levantaron en armas en Puerto Plata el general Gregorio
Luperón y él contra cesáreo Guillermo y lo derribaron, quedando
triunfante el Partido azul. el Gobierno Provisional de Luperón
tomó excelentes medidas económicas y acogió al educacionista y
pensador antillano eugenio María de Hostos, bajo cuya dirección
se fundó la escuela normal. en las elecciones triunfó el Padre Meriño, quien lleno de idealismo y de desinterés, se vio duramente
combatido por los rojos (conservadores) y asumió la dictadura,
distinguiéndose Lilís, como Ministro de interior, tanto por su talento y su bravura, como por la fría e implacable serenidad con que
exterminaba a los prisioneros. Sus afortunadas campañas militares
le llevaron al poder en las siguientes elecciones presidenciales,
gobernando bastante bien en sus dos primeros años, (1882-1884)
y realizando obras de progreso. al expirar su mandato entregó el
mando a su sucesor, de imperecedera memoria, Francisco Gregorio Billini, quien respetó las libertades públicas, dio amnistía a los
perseguidos o acusados por delitos políticos y tuvo amplia transigencia para todas las opiniones, protegiendo especialmente, como
Meriño, la instrucción pública. Lilís no ocultaba su disgusto ante
el nuevo giro de la política y haciendo uso de la fuerza militar
quiso obligar al Presidente a que tornase el viejo camino de las represiones; pero éste prefirió renunciar y retirarse a su hogar, pobre
y sin mancilla, dejando un alto ejemplo de civismo. Su sucesor,
alejandro Woss y Gil, de talento y valor reconocidos, no pudo o
no supo, sacudir la tutela del jefe omnipotente y le dejó utilizar los
resortes del poder para perseguir a sus contrarios.

las elecciones
de 1886 se dividió para siempre el Partido azul, pues la rama liberal, con el concurso de la juventud intelectual, sostuvo la candidatura del general casimiro n. de Moya, mientras los hombres de armas y una minoría postularon la de Lilís.

La elección de Moya,
si había libertad en los comicios, era segura, pero su adversario
con la fuerza y el oro del Gobierno impuso su candidatura. Los
vencidos, burlados en sus legítimas aspiraciones, apelaron a las
armas. La revolución de Moya, eminentemente popular, parecía
triunfadora. Sin embargo, con audacia y actividad extraordinarias,
derrotando a unos, sobornando a otros, buscando el apoyo de los
rojos, Lilís venció a su rival, inferior a él en dotes militares y en
carácter, y quedó dueño absoluto de la situación. a partir de 1886
ocupó la Presidencia, hasta su muerte en 1899, mediante sucesivas
reelecciones, que se complacía en presentar como impuestas por
el país, deseoso de paz y de trabajo. Si hubo progreso material bajo
su mando y se tendieron líneas férreas, fomentándose el cultivo
del cacao y del café y protegiéndose el establecimiento de centrales azucareros en el este, estranguló en cambio, las libertades
públicas, extremando paulatinamente las medidas tiránicas. Sacrificó en el patíbulo a cuantos adversarios no pudo transformar
en satélites suyos y pobló las cárceles con los desafectos de menor importancia. contrató también numerosos empréstitos, cuyos
fondos empleaba en comprar buques de guerra y armamentos y en
sobornar con cuantiosas dádivas a cuantos podían obstaculizarle.
con esa política corruptora desorganizó las finanzas nacionales,
que manejaba como si fueran su peculio personal, para enriquecer
a sus partidarios y a sus queridas y adueñarse del país en la forma
más completa.

Durante sus últimos años los rasgos de su régimen se perfilaron
con tintes más sombríos. Las medidas crueles, los fusilamientos,
los asesinatos nocturnos, adornados con burlas y sarcasmos para
las víctimas, se multiplicaron, la sed de honores le dominó, aunque jamás alcanzó la megalomanía de Trujillo. Se hizo conferir el
título de Pacificador de la Patria.

a y otorgar una espada de honor por el congreso nacional. Se dio el nombre de Pacificador a una
provincia, el de Heureaux a una plaza pública y mientras en carnavales, regios bailes y rumbosos bautizos el oro corría pródigamente, la hacienda vaciaba sus cajas, la deuda pública crecía sin
cesar, pues no se pagaban intereses, elevándose hasta treinta y tres
millones de dólares, suma exorbitante para la época. Mal administrador en todos los aspectos, vio esfumarse también su fortuna
personal, empezando entonces a tomar prestado a los amigos por
él enriquecidos, quienes llegaron a temerle y a desear secretamente un cambio político. un trágico vértigo parecía empujarlo
hacia el final.

Sin embargo, entre tantas sombras aparece de vez en cuando
algún rayo de luz. Se brinda a Martí hospitalidad y recursos para
la magna empresa a que había consagrado su vida, permitiéndose
la salida por Monte cristi de la expedición que iba a libertar a
cuba. Lilís recibió al apóstol a media noche, y después de poner
una suma en sus manos, le condujo hasta la puerta trasera de su
residencia, diciéndole al despedirse: “el general Heureaux acaba
de atenderlo y complacerlo, pero procure, señor Martí, que el Presidente de la República no lo sepa”.

ulises Heureaux había nacido en Puerto Plata en el año de
1845, tenía, pues, a su muerte, cincuenta y cuatro años. De origen
humilde, negro de color, aunque con alguna sangre blanca hizo sus
primeras armas en la guerra de la Restauración a las órdenes del
general Gregorio Luperón. obtuvo todos sus grados por méritos
de guerra, en las filas del Partido azul, participando en el derrocamiento de los Gobiernos de Báez, González y Guillermo. Sostuvo
en el cibao, en campaña enérgica y valiente, al Gobierno del más
puro y civilista Presidente, ulises espaillat. Siempre victorioso
llegó a convertirse en émulo de su viejo jefe, el glorioso Luperón, a
quien acabó por desterrar.

Sabiéndolo más tarde moribundo, en la isla de Saint Thomas, fue a buscarlo para llevarlo a Puerto Plata,
ciudad natal de ambos, a morir rodeado de honores. al llegar le
dijo Lilís: es la primera vez que un Presidente sale del país a buscar
a su enemigo, y el héroe le contestó sencillamente: era tu deber!
Su energía, su valor reconocido y ensalzado por sus propios
enemigos, su talento natural, fino y agudo, su sangre fría, su grandeza aún en el mal, habrían hecho de él un Presidente extraordinario, si a esas sobresalientes cualidades no hubiera unido una carencia absoluta de sentido moral, que al servicio de una ambición
desenfrenada, le hizo cometer impávidamente los más abominables crímenes. en materia financiera esa negativa cualidad, que
sus ya apuntadas dotes hacían más temibles, le llevó a emplear la
corrupción como arma infalible y favorita. Trataba primeramente
de atraer al enemigo y cuando no lo lograba, recurría a la supresión violenta, al fusilamiento, al veneno, se ha llegado a afirmar,
aunque tal vez sin fundamento.
Después de una larga paz, caso paradójico, se encontraban las
arcas del tesoro totalmente vacías, y el país inundado de billetes
de Banco desvalorizados. La corrupción implantada había dado
sus frutos.

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