martes, 9 de julio de 2013

EL ASCENSO DEL FASCISMO ITALIANO # 3




Entre las capas sociales más descontentas e influenciables por las sugestiones y la propaganda nacionalistas que, tras el tratado de paz, infundieron el mito de la «victoria mutilada», emergieron las organizaciones de excombatientes, y en particular de ex-arditi (tropas selectas de asalto), entre las que, se añadía, a la frustración generalizada, el resentimiento provocado por no haber obtenido suficiente reconocimiento a los sacrificios, la valentía y el desprecio al peligro demostrados a lo largo de los duros años de combate en el frente. Fue este el contexto en el que el 23 de marzo de 1919 Benito Mussolini fundó en Milán el primer fascio de combate (fascio di combattimento), adoptando símbolos que hasta entonces habían distinguido a los arditi, como las camisas negras y la calavera.
El nuevo movimiento expresó la voluntad de «transformar, con métodos revolucionarios si es necesario, la vida italiana», autodefiniéndose partido del orden y consiguiendo de este modo ganarse la confianza de las capas de población más acomodadas y conservadoras, contrarias a cualquier agitación y reivindicación sindical, en la esperanza de que la fuerza de choque de los fascios de combate se opusiera favorablemente a las revueltas promovidas por socialistas y católicos populares.
Al recién nacido movimiento le faltaba sin embargo inicialmente una base ideológica bien definida, y el mismo Mussolini no se había decantado por una u otra línea ideológica concreta, sino simplemente contra todas las demás. Según su intención, el fascismo habría debido representar una «tercera posición».

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