domingo, 19 de mayo de 2013

LA REVOLUCIÓN IRANI DE 1979


La revolución iraní (también Revolución Islámica o Revolución de 1979; Persa: انقلاب اسلامی, Enghelābe Eslāmi o انقلاب بیست و دو بهمن) fue el proceso de movilizaciones que desembocó en el derrocamiento del Sah Mohammad Reza Pahlevi y la consiguiente instauración de la República islámica actualmente vigente en Irán. Por ello, suele calificarse a la revolución deislámica, aunque en realidad fue un movimiento amplio y heterogéneo que progresivamente fue siendo hegemonizado por el clero chiita bajo el liderazgo del ayatolá Jomeini.


En 1953, el primer ministro Mohammad Mosaddeq fue expulsado del poder al intentar nacionalizar los recursos petrolíferos, en una operación orquestada por británicos y estadounidenses (Operación Ajax). El shah o emperador Mohammad Reza Pahlavi, que con el apoyo de los Estados Unidos y el Reino Unido dominaba la escena política iraní, empezó la modernización de la industria del país, y al mismo tiempo eliminó toda oposición a su régimen con la ayuda de la agencia de Inteligencia SAVAK. Estos planes modernizadores del shah, la denominada "revolución blanca", se apoyó en las rentas del petróleo y en la ayuda militar y logística de Estados Unidos. Así, se emprendió una reforma agraria, la participación de los asalariados en los beneficios de las empresas, el sufragio femenino, la alfabetización y el intento de creación de una forma de Islam favorable a estas reformas y al régimen.
Sin embargo, las reformas no tienen los efectos anunciados una gran parte de la población se empobrece cada vez más mientras que la oligarquía dominante se enriquece, todo ello unido a un férreo control político y a un aumento de la represión paralelo al aumento del descontento. El descontento es aprovechado por el clero chií, contrario a algunos aspectos "occidentalizantes" del régimen. El clero se convierte así en el principal adversario de la monarquía, a pesar de que existían organizaciones de oposición laicas como el Partido Tudeh (comunista), el Frente Nacional, de carácter socialdemócrata y urbano, y la extrema izquierda[cita requerida]. El clero está bien organizado, con una jerarquía similar a la del clero católico (lo que es propio del islam chií y ajeno al islam mayoritario), y cuenta con el apoyo de buena parte de la población del país, chií en un 80% y en su mayor parte, tradicional, dado que los modos occidentalizantes tanto del régimen como de la oposición laica sólo afectan a la población urbana[cita requerida].
A finales de los años 70 cunde el deseo de cambio de régimen: manifestaciones multitudinarias y represión se suceden. El sah entonces promete emprender reformas políticas, pero el descontento es tan grande que exige su renuncia. Un hombre capitalizará este descontento: se trata del ayatolá Jomeini. Exiliado en el vecino Irak desde 1964, las tensiones políticas en Irán hacen que el régimen de Bagdad se deshaga de él. Se instala entonces en Francia, donde los medios de comunicación occidentales le convierten en portavoz de la oposición iraní.
Todo intento de sublevación era sofocado por la autoridad del sha. Para ello se basaba en el poder de la SAVAK, un grupo policial que se encargaba de vigilar toda las actividades de la población civil. A ellos se les atribuyen las desapariciones y torturas durante el reinado del sha. En la versión del periodista Ryszard Kapuscinski de la historia, basada en su experiencia como corresponsal, la SAVAK tenía métodos que iban desde quemar los párpados de sus víctimas hasta lanzarlos contra planchas de hierro al rojo vivo para quemarlos. Entre los detenidos se destacaban intelectuales del país. Estos oficiales actuaban como una Policía del pensamiento, siguendo la lectura del periodista polaco, ya que se encargaban de reprimir de tal modo que era inclusive prohibido tocar temas en la calle relacionados con el sha o la dictadura. Esta opresión, sumada con la desproporción social y económica que vivía Irán en la década de los setenta, provocó la caída del último líder de la dinastía Pahlevi.
Según Kapuscinski, la revolución surge en Qom, un pueblo a 150 km al sur de Teherán, de donde el ayatolá Jomeini era originario. Éste había sido un crítico de la gestión del sha Reza, sobre todo, por la pérdida de la moral y los valores islámicos y la intromisión de las potencias occidentales. El suceso que marcó la revuelta se debe a que en el diario Etelat se publicó un artículo atacando a Jomeini: allí se le calificaba de "extranjero" (con toda la connotación que esto traía) por tener abolengos indios. En Qom, salieron a protestar a la plaza del pueblo los indignados coterraneos del ayatolá. Esto provocó que la policía intentara disolver la protesta; éstas estaban prohibidas por el régimen del sha. Sin embargo, los manifestantes se quedaron allí, lo que hizo que los oficiales se subieran a los tejados de las casas circundantes de la plaza y abrieran fuego contra la multitud. El resultado: centenares de muertos. Esto trajo una consternación nacional que hizo que las protestas se repitieran a lo largo de Irán, causando las mismas nefastas consecuencias para la población civil, es decir, más muertos.
Sin embargo, los levantamientos se fueron haciendo mayores y las protestas crecieron hasta llegar a Teherán. Aunque la policía y los militares trataban de reprimirlos mediante la violencia, no se podían detener. Kapuscinski cuenta que inclusive, los estudiantes llenaban sus cuadernos con la sangre de los manifestantes en señal de advertencia. El ambiente se hizo demasiado tenso entonces para el sha, por lo que dimitió y huyó.
El 16 de enero de 1979 el sah se exilia a Egipto, y el 1 de febrero regresa Jomeini. Bajo su dirección, los islamistas consiguen enseguida hacerse con las riendas de la revolución y reprimir a los demás grupos. El 31 de marzo se hace un referéndum sobre la proclamación de la república islámica, la opción del clero es respaldada, según los datos oficiales, por el 99,9% de la población. 

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